Literatura y Música en México


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El papel tanto de la literatura como de la música en México anterior al período Preclásico de las culturas mesoamericanas es prácticamente nulo. Es muy probable que los habitantes de nuestro país hayan contado con instrumentos percusivos o cuando mucho de alientos primitivos, como un caracol marino, pero definitivamente no era siquiera algo cercano a ser una práctica disciplinada. En cuanto a la literatura, se mencionó anteriormente que, tanto en esa área como con la pintura, las obras se concentraban en comunicar más que en ser arte por sí mismas. Todo eso cambió conforme los nómadas se fueron asentando y creando sociedades como veremos más adelante.


Tiempos Prehispánicos

No fue sino hasta tiempos más modernos en que surgieron poetas importantes en nuestro país. Uno de los más reconocidos es Nezahualcóyotl, nacido en el año de 1402 en Texcoco. Él fue un guerrero y conquistador exitoso. Participó en más de 30 batallas a gran escala y jamás fue siquiera herido. Tenochtitlán fue gobernada por Nezahualcóyotl por mas de 43 años, en el que la prosperidad se apoderó de la ciudad. Dejó aproximadamente 30 bellos poemas, en donde hablaba sobre la muerte, la existencia del ser humano, la naturaleza y muchos otros temas. Murió también en Texcoco en el año de 1472. Otro gobernante del que se cuenta con escritos es Moctezuma II. Hay muchas otras poesías de autores anónimos de muchas civilizaciones precolombinas.

En el campo de la música, la inventiva de muchas de las civilizaciones como los Mayas, los Aztecas o los Toltecas no se hizo esperar. Crearon instrumentos sobre todo percusivos pero de bastante ingenio y complejidad. Algunos ejemplos de esto son:

• Huehuetl: se trataba de un tambor, parecido a las congas o djembes actuales. Se hacían en tres tamaños diferentes

• Teponaztli: tronco de árbol hueco puesto en forma horizontal, que se tocaba con dos baquetas en sus extremos y que producía dos sonidos diferentes

• Chicahuaztli: se trataba del conocido “palo de lluvia”. Producía, al girarlo de un lado hacia otro sobre su eje vertical un sonido parecido a la lluvia que cae.

• Atecocoli: caracol marino utilizado como silbato

• Flauta de carrizo: se creaban flautas utilizando carrizo para crear notas de diferente tonalidad

• Cántaros: fabricados en barro, se introducían semillas o cualquier otro objeto pequeño en gran cantidad y se utilizaba como sonaja

Para estas épocas, la música tomaba ya gran importancia en la vida de los imperios precolombinos, particularmente en los Mayas y en los Aztecas. Se escuchaba música en los rituales, en fiestas o en algunas otras ocasiones especiales.


Literatura y Música Virreinal

Durante el Virreinato, los pensadores mexicanos brillantes tardaron en surgir, pero lo hicieron. Destacaron nombres como Gutierre de Cetina, Miguel de Guevara, Sor Juana Inés de la Cruz, Fernando de Alva y Juan Ruiz de Alarcón. Quizá la más conocida por nosotros sea Sor Juana Inés de la Cruz. Su nombre completo es Juana Inés de Asbaje y Ramírez de Santillana, y nació el 12 de noviembre de 1651 en San Miguel de Nepantla. Su trabajo, fuertemente influenciado por la literatura española, fue primordialmente poético. Se convirtió en religiosa desde los 16 años, y escribió la mayor parte de sus obras dentro de los conventos donde vivió. Algunas de sus obras son: Poesías Escogidas, Sonetos, Los Empeños de una Casa y Autos Sacramentales. Escribió incluso un compendio sobre armonía musical (tocaba varios instrumentos musicales).

En cuanto a la música se refiere, la entrada de los españoles trajo a México prácticamente todos los conocimientos sobre teoría musical, así como instrumentos musicales con los cuales los indígenas comenzaron a aprender. Los cantos gregorianos, así como la polifonía sacra fueron introducidas por los españoles al acervo cultural que se les brindó a los indígenas, con la intención ya conocida de evangelizarlos. Apenas a un siglo de la Conquista, las escuelas como en la cual estudió Sor Juana Inés ya daban conocimientos de música a los alumnos. Algunos de los autores que destacaron en estos tiempos son: Juan de Lienas, Bernardo de Peralta, Hernando Franco y Manuel de Zumaya.

Sin embargo, esta educación musical y literaria era pobre. Y decimos “pobre”, por que los maestros que venían a nuestro país siempre eran considerados como mediocres en Europa. Pianistas y compositores italianos, españoles y de demás nacionalidades dieron su mayor esfuerzo, pero se vieron cegados por la brillantez de los maestros que en Europa destacaban y enseñaban a los demás. Los indígenas, por su parte, contaban con bases históricas y artísticas diferentes, y si bien los conquistadores hicieron su mejor esfuerzo por que sus nuevos súbditos se asemejaran a ellos en todo, era imposible borrar el pasado. Tanto la música como la literatura comenzaron a tomar un camino diferente, y fue como pronto se llegaría a las bases de lo que hoy conocemos como música y literatura mexicana.


Siglo XIX

Algunos de los compositores que nos dejaron obras relativamente importantes en la primera mitad del siglo XIX fueron: José María Aldana, José María Elizaga y José María Bustamante. Ambos compusieron música sacra en su mayoría, pero tuvieron también óperas (por ejemplo la ópera “México Libre” de Bustamente), las cuales, como se verá más adelante, fue la actividad musical predominante en el México de ese siglo. Escribirían también zarzuelas, cantatas, oberturas, música para cuartetos de cuerdas, quintetos, vocalizaciones, oratorios, sonatas y muchas obras más. Elizaga, nacido en 1786 en Morelia y quien murió en 1861, fue un excepcional organista de iglesia. Fundó la Sociedad Filarmónica en el año de 1824 y la Academia Filarmónica en el año de 1825, considerada como el primer conservatorio de América Latina.

Una de las primeras expresiones musicales que surgieron en la segunda parte del siglo XIX fue algo parecido a la ópera italiana, nombrado por algunos compositores de la época como “episodios musicales”. Destacaron, aparte de los mencionados anteriormente, nombres como Cenobio Paniagua, nacido en Michoacán y Melesio Morales con obras como “Catalina de Guisa” por parte del primero, e “Ildegonda” del segundo. Estas óperas se basaban en experiencias mexicanas, ya fuera por personajes que estuvieron involucrados en la Independencia de México, o bien en alguna historia basada en algún pueblo o ciudad de nuestro país. Otros nombres importantes de la época son Agustín Caballero, José Antonio Gómez y Joaquín Beristáin, co-fundador de la Academia de Música (que se convertiría en lo que actualmente es el Conservatorio Nacional) apenas a los 21 años.

Cabe destacar que el Himno Nacional Mexicano fue escrito en esta época, específicamente en el año de 1854, por el español Jaime Nunó.

Para la literatura (y también para la música), hay que tomar en cuenta que en Europa se encontraban en el período romántico. Como México tendía a copiar todo esto, ahora como nación libre, para poder descubrir su propia identidad más adelante, realizó eso mismo y produjo poemas, libros y escritos en general con la influencia romántica. No había una carrera de literatura como sucedía con la música. Se podía únicamente estudiar leyes, o medicina, y llevar a cabo la actividad de la literatura como una actividad secundaria. El gobierno por su parte no hizo mucho por apoyarla. Es evidente que la música recibió mayor atención por parte del gobierno mexicano que la literatura.

Autores como Amado Nervo, Ramón López Velarde, Guillermo Prieto, Ignacio Manuel Altamirano y Juan de Dios Peza realizaron sus obras durante estos años. Quizá el más importante de todos ellos fue Justo Sierra.


Siglo XX

Se considera a Manuel M. Ponce como el compositor mexicano que logra reunir los elementos del folclor mexicano y ponerlos en un concierto por primera vez, justo antes de la Revolución Mexicana. Candelario Guisar y José Rolón hacen lo mismo por su propia cuenta. Carlos Chávez fue otro gran autor que logró musicalizar los sentimientos nacionalistas de aquellos entonces en su obra. Lo mismo haría otro gran músico y compositor: Silvestre Revueltas. La música nacionalista y folclórica toma otro camino al de la música mundial, y termina en las manos de autores tan legendarios como el maestro Agustín Lara y José Alfredo Jiménez.

Agustín Lara nació en la ciudad de México en 1897. Tuvo una vida llena de problemas a pesar de haber nacido en una familia muy bien acomodada. Tocó el piano en cabarets por varios años, y en un incidente en uno de ellos, una botella le fue estrellada en la cara, con lo cual tuvo una cicatriz de por vida. Participó después como compositor exitoso para maestros como el tenor Pedro Vargas, y tuvo como algunas de sus más importantes piezas “Granada”, “La Imposible”, “La Pecadora” y “Arráncame la Vida”. Tuvo el bolero como su tipo de composición en la que destacó en sobremanera.

En cuanto a José Alfredo Jiménez, él nació en Dolores Hidalgo en el año de 1926. Triunfó con la canción ranchera, con éxitos eternos como “El Rey”, “Si Nos Dejan” y “Te Solté la Rienda”. La llegada del éxito no le vino sencilla. Compuso sus primeras canciones cuando tenía 14 años, pero no fueron recibidas del todo bien, por lo cual optó por convertirse en jugador de fútbol, y ganar dinero extra de mesero. Fue cuando tuvo 22 años que un reconocido trío de entonces llamados Los Rebeldes grabaron su tema “Yo”. Éxito tras éxito vinieron después, y el espíritu mexicano quedó plasmado en cada una de sus canciones. Murió en 1973 en la Ciudad de México.

La literatura no se quedó atrás. En el siglo XX surgieron poetas y escritores de nivel mundial como Jaime Sabines, Alfonso Reyes y el ganador del Premio Nóbel de Literatura, Octavio Paz. Todos estos autores estuvieron influenciados de igual manera por corrientes europeas como el surrealismo y el llamado tenebrismo. Tocaron temas abruptos y en veces sus escritos eran violentos, pero supieron perseverar hasta ganarse a sus lectores, primero en México y de ahí al mundo entero.

Los literatos mexicanos como los mencionados trascendieron de tal manera al nivel internacional que fueron galardonados con diversos premios alrededor del mundo, habiendo logrado la cúspide el autor Octavio Paz, con el Premio Nóbel. Tuvieron cargos diplomáticos, fungiendo como diputados, embajadores o ministros, y por otro lado, maestros en universidades importantísimas como Harvard o el Colegio Nacional.


IV: TEATRO MEXICANO

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